Ángeles que nos miran desde allí arriba

El hecho de compartir, en alguna ocasión, historias tan tristes, tiene como única razón de ser, el que esos pobres animales, que abandonan este maldito mundo sin conocer mas que la maldad de los humanos con los que se encontraron, reciban al menos un último reconocimiento a su presencia en la tierra. Víctimas de atropellos, enfermedades, abandono, indiferencia, maltrato…

A ellos, por desgracia, de nada les sirve.  No nos gustaría olvidarlos sin un sólo recuerdo. Traslademos nuestro afecto sólo a quienes nos pueden corresponder con un lametazo, un movimiento de rabo o un restregón en nuestra pierna, un acto de egoísmo.

Contando sus historias, algunas tan dramáticas, no sólo queremos hacerles un póstumo regalo de cariño a ellos, también a todos los que ayer/mañana, en algún lugar oculto a los ojos de quienes no los vemos y lo que es aún peor, “invisibles” a los ojos de quienes los tienen delante, habrán sufrido y sufrirán, y quizás hayan muerto ignorados por todos.

Porque queremos que la famosa frase “Murió sólo, como un perro” no se cumpla y la transformemos en “morir acompañado, como un perro”. Sería devolverles sólo algo de lo mucho que ellos nos dan.

Según una leyenda hindú, se dice que cuando una mascota se va, esta no llega directamente al cielo… sino que nos espera eternamente para recibirnos y guiarnos a cruzar con ellos el puente del arco iris.

Aún si nos hemos “portado mal”, ellos abogan por nosotros, porque no hay acto mas noble en el corazón de un ser humano que el entregar amor a un animal.

waiting rainbow